NO TENGAS MIEDO A EQUIVOCARTE

NEVER AFRAID TO FAIL

Hace dos meses fue mi cumpleaños, y unas amigas me regalaron un jersey muy bonito que lleva escrito “Never afraid to fail”, algo así como “no tengas miedo a equivocarte”. La verdad es que me encantó el mensaje, resonó fuerte en mí, y sentí que si exploraba un poco en mi experiencia partiendo de ese mensaje, quizás podría comprender algo valioso que aportarle a mi vida y la de mis clientes. Así es como surgió este post que comparto con vosotros.

Lo que la práctica de mindfulness me va demostrando de manera vivida, día a día, es que la vida siempre está cambiando. Cambia el tiempo, cambiamos nosotros, cambian los demás, cambian las circunstancias, cambian los deseos, cambian los intereses, las motivaciones, las experiencias…inevitablemente, por mucho que nos empeñemos en lo contrario, todo cambia. Y de entre las muchas implicaciones que tiene este hecho en nuestras vidas, estoy comprobando que una de las más difíciles de gestionar es que cuando hay cosas significativas que cambian, dentro o fuera de nosotros, muchas veces esto nos sitúa en la tesitura de tener que elegir, de tener que tomar decisiones más o menos importantes.

Yo creo que elegir es una capacidad maravillosa porque eligiendo somos libres, sin embargo en muchas situaciones hacer uso de esta libertad puede resultar complejo, incómodo y estresante. Tener que tomar decisiones en ocasiones se convierte en un estado paralizante, lleno de confusión, que prolongamos en el tiempo más de la cuenta por falta de una visión clara sobre lo que queremos, o aún sabiéndolo, por falta de coraje para llevarlo a cabo. Y esto ocurre porque tomar una decisión conlleva dos aspectos que nos cuesta afrontar y que solemos experimentar como obstáculos que nublan la claridad mental a la hora de elegir y dar el paso: el valor para soltar y la disposición a convivir con la incertidumbre.

El valor para soltar significa en este contexto que elegir algo implica inevitablemente renunciar a algo, como por ejemplo descartar las otras opciones alternativas, perder la compañía de otras personas, abandonar la sensación de seguridad que proporciona lo conocido o dejar de disponer de los beneficios que me reporta una determinada situación. Nos cuesta dejar ir aquello a lo que estamos aferrados, incluso sabiendo que en el fondo no es lo que queremos, nos resulta difícil. Sin embargo la vida nos avisa, a través del malestar por lo general, de la necesidad de soltar lo que ya no necesitamos, aquello que seguimos manteniendo por el propio miedo a precisamente soltar, ya sea una persona, un trabajo, una ciudad, unas comodidades, un comportamiento o una actitud.

Y es que el miedo a soltar es al mismo tiempo el miedo a las consecuencias de hacerlo, es decir, a convivir con la incertidumbre. Cuando elegimos una opción renunciamos a algo y simultáneamente nos adentramos en un camino en el que no sabemos lo que va a pasar, “¿será el camino tomado el correcto? ¿me irá bien? ¿me irá peor? ¿y si me equivoco? ¿y si pierdo el tiempo?…” todas estas preguntas sin respuesta inmediata encierran el temor de sentir que en el fondo no podemos controlar lo que va o no va a ocurrir en el futuro, y eso genera miedo, miedo a equivocarte.

Sin embargo, en realidad equivocarte es no tomar la decisión sabiendo que quieres tomarla, es dejar que otras personas la tomen por ti, es mirar para otro lado sabiendo que necesitas un cambio, es exigirte que todo salga perfecto cuando el futuro no está completamente bajo tu control. De hecho, la única equivocación posible cuando tomas una decisión es la de no decidir conscientemente.

Decidir conscientemente es darte cuenta de lo que debes dejar atrás, es sentir lo que cuesta renunciar a aquello de lo que debes desprenderte si eliges, es discernir cuándo es el momento de soltar lo que ya no te aporta sentido. Pero también es ser consciente del miedo a la incertidumbre, comprender que ese miedo es consustancial al proceso de vivir y saber cuál es el coste que conlleva en tu vida el dejarte arrastrar por él.

Teniendo esto en cuenta, puedes preguntarte:

¿De qué tendría que desprenderme si decido dar este paso?

¿Qué pasaría si pudiera soltar lo que me aferra a esta situación?

¿Qué ocurriría si pudiera seguir adelante con una decisión a pesar del miedo a no saber qué va a pasar?

¿Y si no tuviera miedo a equivocarme?

Si pudieras responder a estas preguntas, ¿Qué decisión tomarías?